Forma. Del griego
"morphé" (forma, aunque los filósofos griegos utilizaron también
"schéma" y "éidos" para referirse al mismo concepto). Con
el término forma se designaba en sus primeros usos la figura interna de las
cosas, captable sólo mentalmente, que terminaría identificándose con la
esencia, con lo que la cosa es realmente (en Platón, la Idea, por ejemplo).
Para Aristóteles la forma es también la esencia del
objeto, aquello por lo que algo es "lo que es", y la distingue y
opone a la materia de la que está hecho el objeto. La forma y la materia
constituyen una unidad indisoluble (la sustancia, la realidad individual y
concreta) de modo que ninguna de ellas tiene realidad ni existencia separada de
la sustancia de la que son forma y materia, respectivamente. Los filósofos
escolásticos distinguirán varias clases de "formas" (artificiales,
naturales, sustanciales, accidentales), llegando incluso a admitir la
existencia de formas separadas o "puras". Con el descrédito del
aristotelismo, y a partir de la revolución científica del Renacimiento, el
término caerá en desuso.
En el siglo XVIII volverá a ser utilizado por Kant,
pero con un significado distinto: la forma se opone al contenido de un fenómeno
y remite a la función ordenadora y unificadora del espacio y el tiempo,
respecto a la sensibilidad, y de las categorías, respecto al entendimiento. En
la filosofía del siglo XX el concepto de forma se ha usado sobre todo asociado
a la idea de estructura.
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