Finalismo. Término con
el que nos referimos a aquellas concepciones de la realidad según las cuales
ésta se encuentra orientada hacia la consecución de determinados fines, por lo
que se entiende que tales fines actúan como causas explicativas de la
constitución y del desarrollo de la realidad.
Las explicaciones finalistas se inspiran en el modelo
de la acción humana, tal como ha sido interpretada tradicionalmente, subrayando
sobre todo su carácter intencional, al considerar que los fines perseguidos
orientan la conducta humana y determinan los medios óptimos para alcanzar tales
fines. Tal interpretación de la conducta está inspirada, sin lugar a dudas, en
el modelo de actividad del artesano, modelo al que recurren tanto Platón como
Aristóteles, y que aplican para explicar no sólo el conjunto de la conducta
humana, sino también el devenir del universo en general.
El finalismo será criticado ya en la antigüedad por
Demócrito y los epicúreos, y en la época moderna por Bacon, Galileo y
Descartes, abriendo las puertas a una interpretación científica de la realidad.
El finalismo resurgirá, no obstante, con Newton y Leibniz, entre otros, y más
tarde con el idealismo hegeliano.
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