La teoría
del Clinamen. Término
latino acuñado por Lucrecio (Titus Lucrecius Carus) seguidor de la filosofía de
Epicuro, para traducir el griego "parénklesis" con el que Epicuro se
refería a la desviación espontánea de la trayectoria rectilínea que experimentaban
los átomos para explicar su agregación con otros átomos.
El clinamen es, pues, la espontánea desviación de la
trayectoria de los átomos, que rompe la cadena causal, determinista, de su
movimiento, introduciendo así un fundamento físico para justificar la acción
libre, en los seres humanos, y el azar.
La teoría
del clinamen. (en plural clinamina, derivado de clīnāre,
inclinar) es el nombre en latín que dio Lucrecio a la impredecible desviación
que sufren los átomos en la física de Epicuro. Este concepto le sirvió al
filósofo griego, a modo de solución, al problema del libre albedrío
prescindiendo de un dios garante de libertad. Esta teoría ha tenido una
importantísima influencia a lo largo de todo el desarrollo histórico del mecanicismo
por su originalidad y por haber supuesto una solución coherente y muy temprana
a uno de los principales problemas de esta corriente filosófica.
La teoría del clinamen proporciona una
solución al viejo problema (planteado por Aristóteles) de la regresión al
infinito de las cadenas causales en el movimiento, sin tener que recurrir a la
acción de un dios ordenador que funcione como Primer motor inmóvil. El
razonamiento aristotélico afirmaba:
1) necesariamente
todo lo que se mueve es movido por otra cosa (la causa eficiente del
movimiento);
2) por lo tanto todo
movimiento se sitúa en una cadena causal;
3) esta cadena causal no
puede ser infinita, debe tener un inicio;
4) al
inicio de la cadena causal debe haber algo que "mueva sin ser
movido", una causa primera, un motor inmóvil.
Aristóteles identificó en este moviente
inmóvil a la divinidad. Sin embargo, y dentro de la doctrina epicúrea, los
dioses son perfectamente felices, lo cual impide la posibilidad de toda
influencia por su parte en los acontecimientos terrenales.
Para solucionarlo, introdujo el clinamen, o
desviación espontánea del átomo de su trayectoria, como origen de nuevas
cadenas causales. Con ello, eliminaba a los dioses de la cadena de
razonamientos a la vez que introducía un factor de indeterminación que
solucionaba uno de los principales problemas del atomismo democríteo: el
determinismo. Es decir, el clinamen proporcionaba una base ontológica sólida en
la que justificar el libre albedrío. Ya que sin libertad las acciones morales
dejan de serlo, el clinamen se erigió también en sostén de toda posibilidad de
una ética atea.
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