Profecía.
Fenómeno religioso que consiste en un mensaje enviado por una deidad a los
seres humanos a través de un intermediario o profeta. El mensaje puede contener
una referencia a acontecimientos que han de producirse en el futuro, pero con
frecuencia, es sólo un aviso, un estímulo o una información. Así, la profecía,
en su sentido más amplio, comprende augurios, adivinación y oráculos, que son
técnicas por las que, según se cree, puede conocerse la voluntad de los dioses.
Por lo general, los profetas se han expresado mediante el éxtasis, un estado
que se puede alcanzar por varios métodos, como la danza o la música. El sentido
del mensaje profético es diverso; así algunos profetas subrayan el ritual,
otros la moral e incluso el aspecto misionero de la vida religiosa. Los
profetas han aparecido a lo largo de la historia y en casi todas las
sociedades.
Religiones antiguas
El oráculo era una institución profética
aceptada en el mundo antiguo. Todos los templos del antiguo Egipto eran sin
duda proféticos, y las antiguas culturas griega, babilonia, fenicia y caldea,
tenían oráculos venerados. La leyenda de Casandra es un ejemplo trágico del don
divino o de la maldición de la profecía, dictada por el dios Apolo.
Religiones orientales
Las escrituras del hinduismo contienen varios
mensajes proféticos. Se cree que el advenimiento de Buda a la tierra había sido
predicho mucho antes de su nacimiento. En China, la profecía realizada con
carácter privado, era una práctica común. La interpretación del Libro de las
mutaciones (I Ching) fue muy popular entre todas las clases de la sociedad
china, a pesar de que el confucianismo clásico subrayara la superioridad de la
razón respecto a la inspiración y a la adivinación. La antigua religión persa
del zoroastrismo, todavía practicada en algunas zonas de India y Oriente
Próximo, es profética en su origen y derivó de forma ostensible de las
revelaciones de la deidad Ahura Mazda a Zoroastro.
4 JUDAÍSMO
Y CRISTIANISMO
La profecía tuvo un significado religioso sin
precedentes en el judaísmo y en el cristianismo. Para el judaísmo, el profeta
es un individuo elegido por Dios, a menudo en contra de su voluntad, con el fin
de revelar las intenciones y los planes divinos a la humanidad. Como portador
de la revelación, el profeta siente la omnipresente presencia de Dios y recibe
la fuerza suficiente para comunicar a otros su Palabra, incluso aunque ello
pueda acarrearle la persecución, el sufrimiento y la muerte. Los autores
bíblicos de los libros proféticos se dividían en el Antiguo Testamento en
cuatro grandes profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y doce profetas
menores, que escribieron los libros breves: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás,
Miquías, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.
El cristianismo heredó la noción profética
del judaísmo y sus seguidores interpretaron las obras hebreas a la luz de las
enseñanzas de Cristo, quien es considerado el profeta anunciado en el Deuteronomio.
De hecho, en muchos aspectos, Jesús era un profeta arquetípico. Se reconocía la
capacidad profética como un don en la época apostólica, pero, de forma gradual,
fue desapareciendo al mismo tiempo que, hacia el final del siglo I d.C., empezó
a desarrollarse la estructura jerárquica de la Iglesia, reprimiendo la
inspiración individual. Los visionarios cristianos de todos los tiempos han
sido con frecuencia llamados profetas, pero no alcanzaron nunca la posición ni
influencia de los profetas antiguos.
5
ISLAM
El islam acepta en principio la tradición
profética del judaísmo y considera a Mahoma como el último profeta, el sello o
la culminación, de una línea que se extiende desde Adán hasta Cristo. A pesar
de su fe, los seguidores del movimiento islámico místico llamado sufismo han
asumido, a veces, un papel profético.
6 EL
MUNDO PREHISPÁNICO
Los presagios, las visiones, las
adivinaciones y las profecías daban cuerpo a la ciencia que dominaban los
sabios a los que acudían los gobernantes y el pueblo para conocer los designios
de las divinidades.
El advenimiento de los dioses más importantes
y de los gobernantes más destacados generalmente había sido anunciado, o bien
se explicaba a través de una intrincada sucesión de leyendas. Posiblemente las
profecías más señaladas en el ámbito prehispánico son las que se refieren a la
fundación de la ciudad que serviría de asiento a las tribus errantes llamadas
aztecas y que llegó a convertirse en el extraordinario imperio que fue la Gran Tenochtitlán.
El dios principal, Huitzilopochtli, habló a través de un colibrí e indicó que
debían encontrar un islote con un nopal (chumbera) en el que estuviera posada
un águila y ésta debía estar devorando una serpiente. Después de numerosas
peripecias, los aztecas (más tarde, mexicas y tenochcas) efectivamente hallaron
esa imagen y en ese mismo lugar erigieron la ciudad que consideraban ‘el
ombligo del mundo’. El símbolo del águila y la serpiente constituye el escudo
oficial de la
República Mexicana. Otra profecía, aunque de carácter más
trágico para el gran imperio mexica, fue la que anunció la llegada de unos
extraños, blancos, barbados y montados en animales como venados. Una serie de
fenómenos como la aparición de un cometa, la caída de un rayo sin trueno sobre
un templo, la ebullición del agua del lago, anunciaron al emperador Moctezuma
(Motecuhzoma) que la profecía del regreso del dios Quetzalcóatl estaba a punto
de cumplirse. Aunque podía ser su rival político y religioso decidió que
recibirían a los hombres de cuerpos brillantes que, según fue informado, habían
empezado a penetrar en tierras mexicanas desde el mar. De ese modo salió al
encuentro de Hernán Cortés y sus hombres vestidos con sus armaduras, montados
sobre sus caballos y portando sus arcabuces.
7
EXPLICACIONES PROFÉTICAS
La profecía ha sido objeto de intenso debate
entre los eruditos modernos, cuyas discusiones se han centrado en la cuestión
de si los oráculos derivan o no de cierta fuerza externa al profeta. Unos
interpretan la profecía como un fenómeno del inconsciente psicológico, que
engloba alucinaciones, espejismos, conjeturas y a veces también falsedades.
Otra teoría la relaciona igualmente con el inconsciente pero la rastrea hasta
observarla en los más pequeños actos de Dios. Algunos historiadores de la
religión consideran al profeta verdadero como alguien que, a semejanza del
místico, es elevado a un estado psicológico supranormal por intervención
divina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.