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domingo, 2 de agosto de 2015

Profecía



Profecía. Fenómeno religioso que consiste en un mensaje enviado por una deidad a los seres humanos a través de un intermediario o profeta. El mensaje puede contener una referencia a acontecimientos que han de producirse en el futuro, pero con frecuencia, es sólo un aviso, un estímulo o una información. Así, la profecía, en su sentido más amplio, comprende augurios, adivinación y oráculos, que son técnicas por las que, según se cree, puede conocerse la voluntad de los dioses. Por lo general, los profetas se han expresado mediante el éxtasis, un estado que se puede alcanzar por varios métodos, como la danza o la música. El sentido del mensaje profético es diverso; así algunos profetas subrayan el ritual, otros la moral e incluso el aspecto misionero de la vida religiosa. Los profetas han aparecido a lo largo de la historia y en casi todas las sociedades.
Religiones antiguas
El oráculo era una institución profética aceptada en el mundo antiguo. Todos los templos del antiguo Egipto eran sin duda proféticos, y las antiguas culturas griega, babilonia, fenicia y caldea, tenían oráculos venerados. La leyenda de Casandra es un ejemplo trágico del don divino o de la maldición de la profecía, dictada por el dios Apolo.
Religiones orientales
Las escrituras del hinduismo contienen varios mensajes proféticos. Se cree que el advenimiento de Buda a la tierra había sido predicho mucho antes de su nacimiento. En China, la profecía realizada con carácter privado, era una práctica común. La interpretación del Libro de las mutaciones (I Ching) fue muy popular entre todas las clases de la sociedad china, a pesar de que el confucianismo clásico subrayara la superioridad de la razón respecto a la inspiración y a la adivinación. La antigua religión persa del zoroastrismo, todavía practicada en algunas zonas de India y Oriente Próximo, es profética en su origen y derivó de forma ostensible de las revelaciones de la deidad Ahura Mazda a Zoroastro.
4  JUDAÍSMO Y CRISTIANISMO
La profecía tuvo un significado religioso sin precedentes en el judaísmo y en el cristianismo. Para el judaísmo, el profeta es un individuo elegido por Dios, a menudo en contra de su voluntad, con el fin de revelar las intenciones y los planes divinos a la humanidad. Como portador de la revelación, el profeta siente la omnipresente presencia de Dios y recibe la fuerza suficiente para comunicar a otros su Palabra, incluso aunque ello pueda acarrearle la persecución, el sufrimiento y la muerte. Los autores bíblicos de los libros proféticos se dividían en el Antiguo Testamento en cuatro grandes profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, y doce profetas menores, que escribieron los libros breves: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquías, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

El cristianismo heredó la noción profética del judaísmo y sus seguidores interpretaron las obras hebreas a la luz de las enseñanzas de Cristo, quien es considerado el profeta anunciado en el Deuteronomio. De hecho, en muchos aspectos, Jesús era un profeta arquetípico. Se reconocía la capacidad profética como un don en la época apostólica, pero, de forma gradual, fue desapareciendo al mismo tiempo que, hacia el final del siglo I d.C., empezó a desarrollarse la estructura jerárquica de la Iglesia, reprimiendo la inspiración individual. Los visionarios cristianos de todos los tiempos han sido con frecuencia llamados profetas, pero no alcanzaron nunca la posición ni influencia de los profetas antiguos.
5  ISLAM
El islam acepta en principio la tradición profética del judaísmo y considera a Mahoma como el último profeta, el sello o la culminación, de una línea que se extiende desde Adán hasta Cristo. A pesar de su fe, los seguidores del movimiento islámico místico llamado sufismo han asumido, a veces, un papel profético.
6  EL MUNDO PREHISPÁNICO
Los presagios, las visiones, las adivinaciones y las profecías daban cuerpo a la ciencia que dominaban los sabios a los que acudían los gobernantes y el pueblo para conocer los designios de las divinidades.
El advenimiento de los dioses más importantes y de los gobernantes más destacados generalmente había sido anunciado, o bien se explicaba a través de una intrincada sucesión de leyendas. Posiblemente las profecías más señaladas en el ámbito prehispánico son las que se refieren a la fundación de la ciudad que serviría de asiento a las tribus errantes llamadas aztecas y que llegó a convertirse en el extraordinario imperio que fue la Gran Tenochtitlán. El dios principal, Huitzilopochtli, habló a través de un colibrí e indicó que debían encontrar un islote con un nopal (chumbera) en el que estuviera posada un águila y ésta debía estar devorando una serpiente. Después de numerosas peripecias, los aztecas (más tarde, mexicas y tenochcas) efectivamente hallaron esa imagen y en ese mismo lugar erigieron la ciudad que consideraban ‘el ombligo del mundo’. El símbolo del águila y la serpiente constituye el escudo oficial de la República Mexicana. Otra profecía, aunque de carácter más trágico para el gran imperio mexica, fue la que anunció la llegada de unos extraños, blancos, barbados y montados en animales como venados. Una serie de fenómenos como la aparición de un cometa, la caída de un rayo sin trueno sobre un templo, la ebullición del agua del lago, anunciaron al emperador Moctezuma (Motecuhzoma) que la profecía del regreso del dios Quetzalcóatl estaba a punto de cumplirse. Aunque podía ser su rival político y religioso decidió que recibirían a los hombres de cuerpos brillantes que, según fue informado, habían empezado a penetrar en tierras mexicanas desde el mar. De ese modo salió al encuentro de Hernán Cortés y sus hombres vestidos con sus armaduras, montados sobre sus caballos y portando sus arcabuces.
7  EXPLICACIONES PROFÉTICAS
La profecía ha sido objeto de intenso debate entre los eruditos modernos, cuyas discusiones se han centrado en la cuestión de si los oráculos derivan o no de cierta fuerza externa al profeta. Unos interpretan la profecía como un fenómeno del inconsciente psicológico, que engloba alucinaciones, espejismos, conjeturas y a veces también falsedades. Otra teoría la relaciona igualmente con el inconsciente pero la rastrea hasta observarla en los más pequeños actos de Dios. Algunos historiadores de la religión consideran al profeta verdadero como alguien que, a semejanza del místico, es elevado a un estado psicológico supranormal por intervención divina.

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