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martes, 11 de agosto de 2015

Éxodos



Éxodos. La historia del pueblo judío ha sido la de un continuo éxodo. Comienza con la salida de Abraham de las tierras de Jaran (primer éxodo) para dirigirse por mandato divino a Canaán, la Tierra Prometida. Y a esa salida le seguirán el éxodo de Egipto, el destierro a Babilonia, el exilio a tierras de Roma, la dispersión por los países de dominación cristiana, árabe, turca... en una diáspora que se extendería por toda la tierra. Pero si diáspora, dispersión, exilio y destierro son palabras que para el pueblo judío evocan escenas de sufrimiento, tragedia, persecución y expulsión, en cambio EXODO ha sido el camino perseverante para pasar de la esclavitud a la redención, de la opresión a la libertad, del exilio a la tierra de Israel. Es así que a lo largo de la Bíblia y de la vida judía, la salida de Egipto -el éxodo por excelencia- constituye un tema dominante. En el primero de los Mandamientos D-os se revela no como el D-os creador del Universo sino como el D-os que sacó de Egipto a los hijos de Israel. Y en su vida cotidiana, los judíos se vuelven constantemente hacia ese Éxodo, evocándolo una y otra vez en las oraciones y las observancias religiosas, sublimándolo en el amor a Sión y a su pasado de gloria. Uno de los más extraordinarios capítulos de la historia del pueblo judío es sin duda alguna, su presencia en España. Es una historia rica en triunfos y tragedias. Y en los siglos XVI y XVII, como consecuencia del decreto de expulsión dictado por los reyes católicos, la diaspora sefardí se extendió por Europa y el Cercano Oriente, hasta llegar al Nuevo Mundo. Y de esta manera, lo que comenzó en 1492 siendo una dolorosa expulsión se vió confvertida en la búsqueda de una ambicionada y deseada paz y libertad, en un nuevo Éxodo.

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