Éxodos. La
historia del pueblo judío ha sido la de un continuo éxodo. Comienza con la salida
de Abraham de las tierras de Jaran (primer éxodo) para dirigirse por mandato
divino a Canaán, la Tierra Prometida. Y a esa salida le seguirán el éxodo de
Egipto, el destierro a Babilonia, el exilio a tierras de Roma, la dispersión
por los países de dominación cristiana, árabe, turca... en una diáspora que se
extendería por toda la tierra. Pero si diáspora, dispersión, exilio y destierro
son palabras que para el pueblo judío evocan escenas de sufrimiento, tragedia, persecución
y expulsión, en cambio EXODO ha sido el camino perseverante para pasar de la esclavitud
a la redención, de la opresión a la libertad, del exilio a la tierra de Israel.
Es así que a lo largo de la Bíblia y de la vida judía, la salida de Egipto -el
éxodo por excelencia- constituye un tema dominante. En el primero de los
Mandamientos D-os se revela no como el D-os creador del Universo sino como el
D-os que sacó de Egipto a los hijos de Israel. Y en su vida cotidiana, los
judíos se vuelven constantemente hacia ese Éxodo, evocándolo una y otra vez en
las oraciones y las observancias religiosas, sublimándolo en el amor a Sión y a
su pasado de gloria. Uno de los más extraordinarios capítulos de la historia
del pueblo judío es sin duda alguna, su presencia en España. Es una historia
rica en triunfos y tragedias. Y en los siglos XVI y XVII, como consecuencia del
decreto de expulsión dictado por los reyes católicos, la diaspora sefardí se
extendió por Europa y el Cercano Oriente, hasta llegar al Nuevo Mundo. Y de
esta manera, lo que comenzó en 1492 siendo una dolorosa expulsión se vió
confvertida en la búsqueda de una ambicionada y deseada paz y libertad, en un
nuevo Éxodo.
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